LA DINASTÍA DE LOS AUSTRIA:
LAS RELACIONES ENTRE
LA MONARQUÍA CATÓLICA Y EL IMPERIO
Congreso Internacional
Madrid, 2-4 diciembre 2009
Entre los siglos XVI y XVII, la Casa de Austria fue la dinastía que con más fuerza marcó la historia europea. Destacó, además de por su enorme poder, por dividirse en dos ramas familiares separadas, que actuaban desde las cortes de Madrid y Viena. Estas eran las sedes respectivas del Monarca católico, que ejercía el liderazgo sobre el linaje, y del Emperador. Pero las interacciones entre ambas ramas no afectaron únicamente a España y el Imperio, sino también directamente a los Países Bajos y el norte de Italia, al mantenimiento de la frontera común con el Imperio otomano y, en general, a todo el continente europeo. De este modo, el Monarca español encabezaba un orden basado en la lealtad dinástica y la defensa del catolicismo contrarreformista. Por ello, el tercer elemento imprescindible fue el Papado, que no solo marcaba espiritualmente el rumbo de las dos grandes cortes católicas, sino que también pretendió guiar los objetivos políticos de los Austria a un gran programa de actuación contra herejes e infieles.
El siglo XVII marcó el punto de inflexión de este orden, sobre todo la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), pues mostró tanto el cenit en la colaboración entre ambas familias como sus límites y su fracaso definitivo, que quedó cerrado con la desaparición de la rama española tras la Guerra de Sucesión (1714). Sin embargo, la historiografía no ha dado un tratamiento acorde a la importancia de esta cuestión, algo especialmente patente en España, y además se ha mostrado incapaz de comprender, desde unos parámetros estatalistas, la lógica dinástica con la que ha de afrontarse estos estudios. Por ello planteamos la tradicional “gran historia” como una historia de familia en la que las cortes de Madrid, Viena y Roma, con su peculiar funcionamiento, pueden ayudarnos a entender mejor las claves de la historia moderna europea.