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Hay buenas razones para que el IULCE de la Universidad Autónoma de Madrid organice este encuentro en 2018, en que la universidad cumple sus primeros cincuenta años de vida y la Constitución de 1978 cuarenta. Hablamos de un intenso periodo de la historia de España con una democracia parlamentaria cuya integración en la entonces Comunidad Económica Europea (actualmente Unión Europea) ha cumplido ya treinta años (1986-2016). Por su parte, la recuperación de relaciones diplomáticas entre México y España también ha cumplido en 2017 cuarenta años.

Esta situación de normalización política ha propiciado para los estudios históricos un trabajo, libre de otras presiones que las propiamente derivadas del estudio científico, que se ha traducido en una muy importante investigación de todas las épocas sin excepción. Con seguridad, este ya largo recorrido de varias décadas y los resultados de un conocimiento más preciso han propiciado, a su vez, una abundante bibliografía sobre la percepción de esa propia historia. Me refiero a los metarrelatos que acompañan el conocimiento de los hechos históricos y que tratan de escudriñar el sentido y el valor de los mismos como partes de una empresa colectiva de carácter nacional. Bastaría ahora poner algunos nombres como los de Álvarez Junco, Santos Juliá o García de Cortázar por citar a los más mediáticos junto al éxito del libro de Elvira Roca sobre la revisión de la leyenda negra al igual que han hecho Francisco Castilla y María José Villaverde y García Cárcel durante estos dos últimos años. Todos estos trabajos, y otros muchos, han tratado de desmontar tópicos dotados de fuerte carga emocional que impedían hacer un juicio ecuánime del pasado histórico y, por consiguiente, de la realidad política que se llama España. A nadie escapa que la situación creada en torno a las propuestas soberanistas hechas desde Cataluña ha avivado el debate sobre el pluralismo interno y el llamado problema territorial pero con muchas más derivaciones en todos los terrenos: el político por supuesto pero enlazado este con el lingüístico y con el cultural en referencia a la interpretación de hechos históricos acaecidos en los siglos XVII y XVIII, recreados en la segunda mitad del XIX y reavivados ahora, a treinta años de la creación de la España autonómica.

Lógicamente esta labor se ha hecho en un marco internacional en el que han intervenido muchos investigadores de otros países, pues buena parte de este debate tiene que ver con la integración en Europa, las relaciones con Francia, con Inglaterra, con el vecino Portugal y con los demás países. Y, claro está, en este proceso la revisión de las tradicionales visiones recíprocas entre América y España, la América de lengua española y portuguesa, con Estados Unidos al fondo no ha hecho sino aumentar. Basta con echar un vistazo a libros como España y México. Doscientos años de relaciones 1810-2010 (2010) para tener una idea de la visión que tenía la veintena de autores que ahí escriben. Pero la bibliografía es casi inabarcable si sumamos la recuperación de los autores del exilio de 1939 y sus visiones de la España que se vieron obligados a abandonar. Las perspectivas sobre estas relaciones recíprocas se han enriquecido muchísimo y nos hacen estar en un escenario con muchos más elementos para la reflexión y el estudio.

Este proceso incluye a muchas disciplinas. Desde luego la literatura, tradicional discurso de legitimación en la construcción de las realidades nacionales. Y más recientemente a la filosofía a la que se creía más libre de esto avatares históricos y más ocupada en labores conceptuales propias de la razón. Las últimas décadas han visto crecer también historias nacionales de la filosofía, las propias de España y Portugal, lo mismo que ha sucedido con México, con Argentina y con el conjunto de América. Otras tradiciones prácticamente solapaban su propia historia como base de una propuesta cosmopolita cuando no universal y, por tanto, no se consideraban nacionales. Están incluidas en este marco las propias ciencias sociales, y de manera especial seguramente la Antropología, por su propio objeto de estudio en relación con el medio natural que incorpora dimensiones culturales de orden simbólico que son clave en la organización de cualquier grupo humano. Y hay una realidad bien reciente: la apertura definitiva a horizontes más lejanos, atisbados por algunos pioneros hace décadas pero que son ya parte de la reflexión común en la última década. Me refiero principalmente a la irrupción de China en todos los órdenes de la vida social.

Del otro lado está la función desempeñada por quienes desde fuera de España, principalmente desde Francia e Inglaterra en el caso de Europa más Estados Unidos, se han dedicado al estudio de España, sus letras, realidad política, sociedad, economía y cultural. Me refiero al tradicionalmente conocido como hispanismo que, como puede apreciarse, debe entenderse más en plural que en singular, hoy sometido(s) a una profunda revisión cuando no convertido(s) en objeto de combate.

Hacia el final de la primera década del presente siglo se publicaron varios libros, procedentes de congresos o bien de reflexiones individuales que abordaban la situación de este “oficio” de orígenes no fáciles de precisar pero que Antonio Niño vinculaba a Morel-Fatio en un ya veterano trabajo de 1988. Las orientaciones de estos trabajos son plurales: desde las más descriptivas y analíticas o las más beligerantes hasta las que se fijan más en la orientación que debe seguir esta profesión y qué realidades políticas, culturales, lingüísticas habrán de ser objeto de estudio. Estas suelen incluir una apuesta por el uso plural del término o por su transformación en otro. Estaríamos en los tiempos de lo que Boaventura ha llamado regulación/emancipación frente a la apropiación/violencia que sería la etapa a superar y a la que estos diagnósticos asocian con el hispanismo. Convendría en todo caso leer despacio al propio sociólogo portugués para no sacar conclusiones apresuradas.

Recordamos los trabajos que incluyen los libros coordinados por Ricardo García Cárcel y Eliseo Serrano (2009; el propio García Cárcel en solitario, 2011 y 2017) o por Joaquín Álvarez Barrientos (2011) que tiene una orientación historiográfica y más bien descriptiva de personas y orientaciones de Francia en el primer caso, de la propia Francia, Inglaterra y España en el segundo; el muy beligerante con el término “hispanista” que firma Joan Ramón Resina (2009) ya que lo identifica sin matices con la concepción imperialista tanto hacia fuera como, sobre todo, al interior de la propia España a la que identifica con la Castilla y el idioma castellano, opresores de la realidad plural, principalmente de Cataluña. Mas en general sostiene ese carácter de imperio que impone una cultura hegemónica respecto de la pluralidad allá donde se manifiesta, tanto en la propia península como en la América colonizada. Sin embargo, la primera parte que la dedica al análisis de los hispanismos alemán, anglosajón y estadounidense ofrece muchos más matices de los reales o supuestos usos del hispanismo respecto de los propios intereses nacionales propios en relación con la interpretación de España. Su apuesta por “los estudios ibéricos” está en línea con lo sostenido, aunque con muchos matices, por los coordinadores del libro Formas de Hispanidad (2010), Enver Joel Torregrosa y Pauline Ochoa que apuestan por las “hispanidades” frente al singular; o por el libro coordinado por Julio Ortega (2010) que lo hace por una orientación interdisciplinar y trasatlántica. Miguel Rojas analizó el término “Hispanoamérica” (El término Hispanoamérica. Génesis y desarrollo en los procesos de independencia, 2015) en la misma línea de integración inclusiva. Finalmente, el artículo que firman Enrique E. Cortez y Leila Gómez en la Revista de Crítica Literaria Latinoamericana (2015) que se publica simultáneamente en Lima y en Boston mantiene el juicio de un hispanismo defensor de la hegemonía que habría supuesto “desde sus inicios un borramiento y una fuerte impronta imperial”, que asigna a la orientación de Harvard desde los años 40 del pasado siglo. Es conveniente saber hasta qué punto estos juicios responden a toda la realidad, es decir, a toda la labor realizada por todos los hispanistas (o hispanismos) o hasta qué punto la supuesta homogeneización que se atribuye al hispanismo se practica en el juicio que sobre ello se hace.

Sirvan estas sencillas líneas para introducir un complejo problema que se hace muy visible en este periodo de los años finales de la segunda década ya del siglo XXI donde vienen a converger ambas reflexiones: la propia de España, a partir de la abundante producción historiográfica en los términos señalados anteriormente, que incluye la revisión del papel asignado a los conocimientos que forman la ciencia, la filología (lengua y literatura) y la filosofía, realizados en el marco de un mundo global mas con referencias más marcadas a las relaciones con Europa y con América sin excluir   pero sin excluir ni al mundo árabe, ni al continente africano ni a las naciones orientales. Y la de los propios hispanistas cuyo trabajo es juez y parte de la situación.

Esta reflexión, pues, no puede eludir las múltiples visiones que se han proyectado a lo largo de los siglos pero muy especialmente desde finales del XIX y, concretamente, por parte de los hispanistas (así en plural) al tiempo que, inevitablemente, revierte en la revisión de las visiones proyectadas por estos profesionales de la historia y la literatura con alguna implicación excepcional del mundo filosófico como ha sido el caso del discípulo de Bataillon y Bastide, Alain Guy.

La apuesta por el plural –hispanismos-, por la denominación “estudios ibéricos” o por “Iberoamérica”, la referencia a la dimensión trasatlántica, etc. viene a indicar un marco distinto pero no neutral tampoco como ningún nombre lo es pues algo se afirma y algo se diluye.

Así pues, este congreso tiene vocación de ser un foro de exposición, reflexión y diálogo en torno a estas cuestiones. Por eso la presencia de estudiosos del tema, que son, al tiempo, profesionales del campo como hispanistas en ejercicio en tanto se dedican al estudio de la cultura de España y, en casi todos los casos, también de los países americanos. Basta comprobar la denominación actual de estos departamentos en las distintas universidades europeas y estadounidenses. Pedimos a los intervinientes una reflexión sobre el trabajo realizado en su área de influencia, sobre la evolución seguida por esta “profesión” en el campo de la docencia y la investigación. Y, al tiempo, que nos indiquen qué condicionamientos han contado en el conocimiento de España desde su propia realidad política y cultural pues hablamos de posiciones que realizan una labor de mediación.

Desde el interior de España (incluida su propia realidad plurilingüística y pluricultural al menos) y Portugal, como los dos países de la península, o la América de lengua española y portuguesa (con su multiplicidad lingüística y cultural igualmente), la percepción es la complementaria o recíproca, incluidas sus propias interrelaciones. Las influencias en todos los ámbitos se complementan, limitan, se refuerzan o se niegan. Hablamos del conocimiento del pasado, es decir, de los saberes y realidades que han ido construyendo cada cada realidad política nacional y de las sucesivas reconstrucciones en relación con otras realidades nacionales y de cómo ese conocimiento que da lugar a metarrelatos –estudios sobre…- se van incorporando a esas reconstrucciones. Hablamos, pues, de lo que concierne a la vida misma. Por eso lo estudiamos.

Coordinadores del Congreso

Lugar de Celebración: Universidad Autónoma de Madrid

Fecha de celebración: 8-10 mayo 2018

Organizadores: Instituto Universitario La Corte en Europa, Proyectos de Investigación De Reinos a Naciones. La transformación del sistema cortesano (siglos XVIII-XIX) (HAR2015-68946-C3-1-P), La Transformación de las Cortes Virreinales (HAR2015-68946-C3-2-P) y Programa de Investigación CAM-FSE La Herencia de los Reales Sitios (CMM-COURT-TOURIST-OUT)

icon-32-pdfPrograma

Coordinadores

José Luis Mora (IULCE-UAM)

José Martínez Millán (IULCE-UAM)

Manuel Rivero Rodríguez (IULCE-UAM)

 

Secretarias

 Natalia González Heras (IULCE-UAM)

Elena Trapanese (IULCE-UAM)

Gloria Alonso de la Higuera (IULCE-UAM)

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